SIETE SONETOS AL “CANUTILLO DE BURGOS”, por Miguel de León
cuerno de la fortuna edulcorada
que reposas en lecho de liviano
chocolate, licor que ni la mano
se atreve acariciar ni la mirada
flor de azahar en búcaro sabroso,
cumplido fruto de la urbana mena
del Arlanzón a orillas, junto al Vena,
quintaesenciada miel, trance gozoso
adelantado puente de culturas
de cristianos, hebreos y moriscos
sobre el blanco mantel apaciguados
punta de lanza alzada a las alturas,
creciente chapitel, enorme risco
del sabor y el saber de los bocados
si de Burgos dijeras canutillos
y no gris catedral, ni Papamoscas,
ni tampoco Espolón, ni piedras toscas
del Castillo que fue, ni Gigantillos
si no hablaras del Cid, de las estepas
que fatigaron tanto sus mesnadas,
ni de las Huelgas, ni de las ganadas
batallas a los moros y a las cepas
de viñedos en la arandina tierra
y al de Pancorbo corderillo blando
y a la flor de la harina en las artesas
estarías nombrando hermosa guerra
que te cabe librar en planto pando
con las dulces esencias burgalesas

III
como el que recolecta de la planta
del oscuro algodón la mota viva
hace brotar la mano la cautiva
alma de crema o nata y la levanta
y la embarca en triángulo ligero
de hojaldrada cubierta, como nave,
y le da su arrebol el fuego suave:
cuerno de oro se vuelve lo primero
en añeja perola funde el río
de chocolate lentamente hervido
y lo va disponiendo sobre el plato
el canutillo, antorcha y señorío,
se hace dueño enseguida de ese nido
y se convierte en el manjar más grato
ofreciendo en la fuente el canutillo
eres de Ganimedes la pareja,
aquel era ambrosía, lo que deja
tu mano es más divino y más sencillo
pues atesora el trigo del cabello
que se duerme tranquilo en tu cabeza
con la luz que se asoma por sorpresa
en la sonrisa de tu rostro bello
si por dar acicate al ansia mía
me retiras, jugando, la promesa
que se esconde en el cuévano dorado
¿el camino final, cómo podría,
tras la risa, los besos y la mesa,
recorrer con el dulce confortado?

V
no te los comas todos, mas dilata
el momento del goce más enorme
y tendrás para ti el premio conforme
del oro que se funde con la plata
cíñete, por favor, al tiempo lento,
más demorado aún que los pasteles,
que pide sobre el lecho de manteles
este milagro de agradable acento
que no te altere el grito contenido
que desde el cuévano convexo llama
a los últimos restos del arqueo
escucha atento ese postrer gemido
que la morena caracola inflama
como el más claro objeto del deseo

VI
en círculos dispuestos se dijera
que brújula se torna la bandeja
y la duda del rumbo al fin despeja
en la de Burgos más refitolera
agujas de mareo surcadoras
que te dan estibada blanca tara
en la redonda cala en que te amara
moreno, el soconusco que devoras
a quien derrota luego le seducen
candelas retorcidas que aseguran
el brillo más preciado en la sentina
lábaros colorados que conducen,
y en un bocado y otro le conjuran
el espíritu de la golosina

VII
caracola de sol que en el momento
de la más apacible sobremesa
junta el rumor del agua en la represa
con el néctar posado en alimento
llevas la densidad del hemisferio
de la gente que, nómada, te hambrea
y halla el maná, liviano, si flaquea
en la sencilla huella del misterio
refrigerio del cuerpo que procuras
nuevas horas al tiempo de la vida
con la gran parsimonia de la gana
y desnudo en el plato prefiguras
dulce resurrección, tranquila herida,
la lluvia que se aguarda en tierra llana


Este Miguel de León tiene algo de marinero glotoncito en tierras de secano y de permiso ¿no?
Comment by mardepotas — November 1, 2006 @ 11:50 pm
Pues nada, que nos citan los sonetos al canutillo en otra página:
http://blogofago.blogspot.com/2006/10/siete-sonetos-al-canutillo-de-burgos.html
Comment by mardepotas — November 5, 2006 @ 12:51 am